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Las newsletters son una buena manera de conseguir un contacto positivo con el target newsletterfaildeseado. Reactiva a los clientes, mantiene fresca la relación con los mismos ante posibles cambios de direcciones de correo y de otra naturaleza, a la vez que promueve los buenos resultados de una manera cíclica.

Aún así es muy difícil encontrar a las empresas que se rigen por una política correcta a la hora de utilizar una herramienta tan valiosa. La falta de comunicación entre el departamento de Marketing, el departamento de Diseño y el departamento Comercial puede dar al traste con una serie de pautas que deben ser sagradas si ambicionamos sacar algo de provecho.

Los 5 errores más comunes a la hora de realizar una newsletter corporativa son:

1- Poca Frecuencia

Enviar nuestra newsletter con una periodicidad baja no permite que haya fidelización. El usuario se olvida totalmente de nosotros. El destino más probable es que acabe dándose de baja. A esto hay que sumarle que nuestra lista de envío queda desfasada, pues el 32% de las personas cambia de dirección de correo electrónico cada año. La falta de una relación continuada provoca que se pierda ese contacto definitivamente.

2- Mucha Frecuencia

El caso contrario es lanzar una newsletter con una frecuencia demasiado elevada. Corremos el riesgo de cansar a nuestros receptores, e incluso molestarlos. Esto puede acarrearnos la baja, e incluso una denuncia por abuso.

3.- No definir una identidad

Cambiar de imagen una y otra vez no es demasiado bueno. Los principales problemas son el perjuicio a la imagen de marca y el peligro de jugar demasiado con los filtros de spam. El primer problema causa que nuestros suscriptores no nos identifiquen fácilmente y por lo tanto no conciban una imagen sobre nosotros. En cuanto al segundo problema corremos el riesgo de caer en spam o de estar haciendo mil pruebas cada vez que queramos lanzar una campaña, convirtiendo la “sencilla” tarea de enviar una newsletter en un verdadero trayecto por el desierto. Puedes complicar lo sencillo o hacer sencillo lo complicado ¿Qué crees que es más rentable para tu empresa?

4.- No regularidad

A pesar de su parecido no tiene tanto que ver con la frecuencia como hemos de suponer. Cuando hablamos de regularidad nos referimos a la planificación. Hemos de acostumbrar al suscriptor. Éste ha de esperar nuestra comunicación. Si enviamos el día 15 enviamos el 15, y si es todo los martes, es todo los martes. Esta periodicidad es muy útil para conseguir que nos sigan. ¿Puedes recordar alguna serie de televisión que cambiara continuamente de hora y día de la semana y que haya durado algo en parrilla? La falta de regularidad es la medicina perfecta para acabar con el fenómeno “fan”. Es innegociable si queremos hacer que funcione.

5.- No tener objetivo alguno.

Enviar newsletters porque toca es otra de las prácticas que se repiten. Se acaba el tiempo, llega el día y aun estamos pensando en que decir. La solución: envía cualquier cosa. Mal, horrible… Es necesario planificar. No podemos desperdiciar un potencial como el que nos da nuestra newsletter porque no hemos querido programar. Necesitamos tres tipos de objetivos: uno a corto plazo (cada mes), uno a medio plazo (cada 3 o 4 meses) y uno a largo plazo (cada año). Si no tenemos razones para hacer algo ¿por qué lo hacemos?