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Wilde-220x300“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”. Seguramente cuando el gran Oscar Wilde pronunció estas palabras no sabía que unos años más tarde aparecerían unos tipejos escribiendo para “posicionar”, “convertir” y mil barbaridades más.

Seguramente el señor Wilde creía que si no tenias nada que decir mejor era callarse. No es que le falte razón, pero claro está que hay muchas cosas en este mundo por las que escribir. Cada producto, cada meta es ya un motivo. Un cómprame, enamórate de mi, ámame, sé mi fan, hazme rico, aprovéchalo, son razones suficientes para lanzarse a redactar.

Los profesionales de la redacción publicitaria solemos amar lo que hacemos (y en la mayoría de las ocasiones odiar lo que hemos hecho). Aunque es innegable que nos gusta, nos apasiona. Si no te apasiona escribir ni lo intentes. La gente lo notará y no te hará ni caso.

Tampoco es seguro que te hagan caso si disfrutas con ello, pero al menos habrá una persona que llegará contenta a casa gracias a lo que escribiste.

Todas las empresas del mundo y todos los productos tienen algo que decir. Incluso algo más allá del mítico “enséñame la pasta” de Jerry Maguire. Todas las empresas tienen una personalidad, y todos los productos se crearon para cubrir una necesidad u ofrecer un servicio. Eso es lo que hay que comunicar. Es necesario creer en ello porque es precisamente lo que debemos de transmitir.

Hay que ser honrado. Si no somos los mejores digámoslo. Si no somos los más baratos también. Seamos honestos, porque en algo debemos destacar. De hecho, y tras el papelón de las compañías telefónicas, eléctricas, banca, clase política y demás, la honestidad se está convirtiendo en un valor a tener muy en cuenta por el consumidor.

La industria china no destaca por su calidad, pero sí por su precio. La industria alemana no destaca por su precio, pero sí por su calidad. Han encontrado lo que tienen que decir y lo dicen. Un copywriter debería hacer lo mismo. Debe indagar entre las necesidades del consumidor y encontrar que es lo que une a su cliente con su target.

Una vez encontrado sólo basta con decirlo. Al menos esto es lo que pensaba Oscar Wilde. Aunque las formas de este celebre escritor no siempre fueron las más adecuadas desde luego nos consta que sabe de lo que habla.