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Nos encontramos en una época que se distingue por vivir a caballo
entre el mundo virtual y el tradicional. Desde los inicios de la ciencia –ficción- se ha supuesto que el online estaba destinado a acabar con la realidad tal y como la percibimos hoy en día. Algunos hablaban de una hiperrealidad solapada a aquellas cosas verdaderas. Incluso ya algún griego allá por los años de la túnica nos avisaba sobre un mundo de sombras que tomábamos como la percepción real sin atender a su verdadero modelo o esencia.

Sin embargo, la tecnología y sus frutos no tienen por qué afectar desoluciones-300x164 manera forzosamente negativa. Aplicadas al comercio puede potenciar el modelo tradicional y no acabar con él como en muchos casos se afirma. Combinar el offline y el online es necesario si queremos competir. En la mezcla está la fuerza real. La necesidad de adquirir productos físicos provoca que la unión de fuerzas sea muy beneficiosa. Podemos consumir muchos servicios sin soporte físico, pero sectores como el automóvil, la ropa, el calzado… necesitan de una transacción física por mínima que sea. No todo el proceso puede realizarse de manera virtual. A no ser que nos creamos que descargar una foto de un suéter en nuestro smartphone es lo mismo que llevarlo puesto.

Una muestra de ello se da en un nuevo fenómeno que voces autorizadas han acuñado como showrooming. Este término define a la acción de un cliente potencial que visita una tienda, ve un producto que le interesa y en vez de comprarlo busca en Internet el lugar más barato donde adquirirlo. En ese momento asistimos a un fenómeno desconocido hasta ahora. Desde nuestra misma tienda, o gracias a nuestra presentación de un producto el cliente realiza una compra online en la competencia.

Tal vez creamos que éste es un caso aislado que se da muy de vez en cuando, pero mucho cuidado. El escalofrío al percibir el dato no se genera sólo por tan elevada cifra, sino que mas bien radica en que la penetración de smartphones no está todavía optimizada al máximo y que la tecnología sobre la que se sustenta aún tiene mucho camino por delante.

Podemos seguir ignorando la realidad y pensar que el comercio online daña al comercio tradicional, pero esto es mentira. Lo que realmente daña al comercio tradicional es no comprender que necesita de su extensión virtual y que la pelea se juega en ambas dimensiones. Su falta de juego offline-online es lo que le hace perder pegada contra sus contendientes. La presentación física del objeto deseado- o a desear- es tan importante en este mundo como en el otro. Una máxima que funciona en ambas direcciones. ¿De que nos sirve presentarlo bien en un escaparate si nuestra competencia nos gana en la Red? ¿De que nos sirve presentarlo bien en Internet si nuestra competencia nos gana en el escaparate?