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Con la mayor de las seguridades, vivimos el momento en el cual el Email Marketing goza de su mayor cota de popularidad. Esta herramienta ha llamado la atención de todos, ya sea grandes empresas o pequeñas, en una época donde cada euro invertido en publicidad se mima y se protege.

No corren buenos tiempos para grandes inversiones y gastos de alto riesgo. La fiabilidad,cuentos la sencillez y la rentabilidad, se muestran como los sólidos pilares sobre el que las empresas en tiempos de crisis prefieren descargar sus inversiones. Desde luego esto no es de extrañar. Es una obviedad que en tiempos difíciles los empresarios busquen explotar al máximo sus recursos. No es que antes no lo hicieran, pero como se suele decir: “la necesidad hace andar al burro”, y ahora mismo todo el sector empresarial se halla seriamente necesitado.

Si hay algo por lo que han destacado las crisis económicas es por ser capaces de agudizar el ingenio del sector empresarial al máximo. Tras una buena época de complacencia, así se encuentra el sector publicitario y todo lo que le acontece. Y lo que le acontece no es otra cosa que el resto de sectores. Ser capaces de ofrecerle lo que necesitan al precio que necesitan es algo irremediable se mire como se mire. Parece que el Email Marketing logra satisfacer todos estos puntos de vista.

El precio de esta popularización es el de leer y oír las mil y una chorradas sobre el Email Marketing. Que si los asuntos funcionan con iconos, que si no funcionan con iconos, que si el call to action es mejor así o de otro modo, que si mejor llevar el tráfico a una landing, que si mejor dirigirlo a la Web, que si la creatividad debe ser diseñada de tal o cual manera… y al final de todo: nada.

Y no es porque todas las hipótesis nombradas no sirvan. El problema es que todas son válidas. Aunque son válidas hasta cierto punto.

En el mundo del Email Marketing no existen reglas fijas e inamovibles. Es más, los defensores acérrimos de tautologías que afectan a esta materia están destinados a quedar en entredicho tarde o temprano.

Esto sucede porque ningún cliente es igual al otro, ni un receptor es igual a otro, ninguna lista de envío es igual a otra, ninguna creatividad es igual a otra, ningún ISP es igual a otro, ningún spamcheck es igual a otro, y, por supuesto, ningún envío es igual a otro. Puede parecerse, pero difícilmente es igual, pues hasta el horario, la lluvia, el día y mil caprichos del destino más influirán de un modo casi definitivo.

Ante esto, sólo queda una formula medianamente infalible: el trabajo. La experiencia resultante nos dirá todo lo que necesitemos, e incluso nos anunciará cuando debemos dejar atrás casi todo lo aprendido y volver a reinventarnos. No hemos de perder el atrevimiento.

Utiliza el A/B testing, pero sé atrevido. Einstein dijo: “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. A esto únele que debes respetar, pero no creer ciegamente todo lo que se dice. No en vano, hace unos meses algunas voces aseguraban que el Email Marketing estaba muerto.

Creer en lo que uno hace es importante, pero más importante es hacerlo. No quedarse quieto. Ésta es la mejor manera para derribar la falsa ortodoxia, tan asentada en un sector que hoy en día tiene muchas miradas puestas en él, y al que cada día se le va a exigir más… mucho más.