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Berlín, 1881. Suena el teléfono, y a una voz nos ofrece unos dulces exquisitos de la telephonepastelería del señor Kranler.

Acabamos de asistir al nacimiento de lo que hoy conocemos como Telemarketing.

Al menos esta historia es la considerada por la mayoría de fuentes como la primera llamada comercial. Un nacimiento humilde, sin estridencias, y cuya planificación o estrategia se desconocen. Tan sólo podemos basarnos en su objetivo: una confitería que usaba el asombroso invento patentado por Bell para vender dulces.

A pesar de esta pronta aplicación en un aparato que  Meucci había presentado en sociedad tan sólo 21 años antes, las campañas “modernas tardan en aparecer. Tanto es así, que hay que esperar a 1962, cuando Lee Iacocca, presidente de una empresa automovilística llamada Ford, planifica una campaña de telemarketing a 20 millones de personas con un fin concreto: conseguir dos citas diarias para cada uno de sus vendedores. En total 23.000 tipos que a través de ese caudal de visitas consiguieron aumentar las ventas.

Y es que para eso puede servir el Telemarketing: aumentar ventas. Además cumple otras funciones: atención al cliente 24 horas, estudio de la competencia, fidelización… Lo que parece claro es que su importancia, lejos de decrecer, sigue siendo enorme. Esto se apoya en un dato ofrecido por el Estudio de Infoadex de la Inversión Publicitaria 2013, según el cual la inversión en Telemarketing se ha incrementado un 1,5%, alcanzando así los 1.157,7 millones de euros.